Tras el análisis de San Rosendo descubrí varias falencias en mi concepto. Pensaba que debía tener un tema a partir del cual diseñaría el proyecto, como el de los altos niveles de maltrato intrafamiliar del pueblo o las complejas situaciones económicas de la gente mayor, pero no podría haber estado más equivocado. Debía centrarme en el análisis espacial y no tanto en los problemas sociales del lugar, observando aspectos como la horizontalidad, verticalidad, límites, privacidad, tensión y jerarquías del espacio. Es decir, en las condiciones espaciales propias del pueblo. Finalmente, llegué a un concepto que aún considero sujeto a cambios, pero que servirá como un buen inicio para construir uno definitivo: “Tensión limítrofe vertical”, el cual representa con claridad la esencia del análisis.
Este proceso ha sido algo frustrante. He sentido que no avanzo y que invertí esfuerzo en aspectos equivocados o en cuestiones que no eran tan importantes para progresar en el proyecto. Me sigo tropezando con lo concreto, queriendo materializar ideas sin un concepto sólido, dejando de lado lo abstracto y provocando que mis esfuerzos caigan en saco roto. Sin embargo, pese a todo, la última clase fue bastante esclarecedora. Creo que ahora entiendo mejor lo conceptual y estoy emocionado por corregir, replantear y seguir avanzando con mayor claridad y confianza.
Otra cosa que me pareció muy importante fue esta pequeña cápsula que hizo el profesor a mitad de la clase sobre el “progreso”. Como mencioné antes, estaba bastante frustrado por no avanzar, y me resultaron reconfortantes esas visiones acerca de lo que realmente significa progresar. Suelo ser bastante fatalista cuando las cosas me salen mal, pero a veces ayuda mucho que alguien te haga comprender que esos tropiezos son normales, necesarios, inevitables y parte esencial del proceso de aprender y mejorar constantemente.