El Módulo 1 de Proyecto 1 comenzó con un trabajo grupal que, desde el inicio, presentó ciertos desafíos. Si bien logramos organizarnos de manera efectiva para distribuir las tareas, la parte creativa resultó ser más compleja. Teníamos una gran cantidad de ideas, pero nos costaba filtrarlas y darles cohesión, lo que terminó afectando la consistencia de nuestro proyecto.
Cuando pasamos a la fase de trabajo individual, sentí una mayor libertad para desarrollar mis ideas a mi manera. La diferencia más notoria entre ambas modalidades fue que, en solitario, pude lograr una propuesta más coherente, aunque el proceso creativo resultó más difícil, ya que en grupo surgen ideas con mayor facilidad.
Para mi proyecto individual, opté por replantear todo desde cero. La mayor dificultad que enfrenté fue la extracción y aplicación de las características del cubo abstracto que utilizamos como base del proyecto. No tenía claro hasta qué punto los atributos debían mantenerse en un nivel abstracto. Al principio, mis ideas eran vagas y basadas en conceptos muy generales, lo que generaba una desconexión con la esencia del cubo original. Después de una corrección, logré un resultado más estructurado, aunque aún sentía que se alejaba del estilo y la identidad del cubo.
En conclusión, esta experiencia me hizo darme cuenta de la importancia de seguir entrenando mi capacidad de abstracción y mi lenguaje arquitectónico. Es importante lograr que ambos elementos se articulen de manera coherente para mantener una relación clara y sólida entre la idea inicial y su desarrollo en el proyecto.